Obituario de Guillem Mateu Mateu, a cargo de su hijo

El doctor Guillem Mateu Vicens, profesor ayudante doctor del Departamento de Biología, recuerda a su padre Guillem Mateu Mateu, profesor emérito de Paleontología de la UIB (Caimari, 27 de mayo de 1930 - Palma, 21 de marzo de 2015)

Desde que he recibido la invitación para escribir unos párrafos sobre mi padre que doy vueltas a la cabeza, sin saber muy bien qué aspectos quiero destacar de él. Podría hacer una reseña biográfica hablando de sus méritos científicos y académicos, pero creo que quien lo ha conocido ha podido comprobar que lo que mejor lo ha definido ha sido su aspecto humano, con un carácter pacífico y cordial, que ha dejado una huella profunda en muchas generaciones de estudiantes de Biología de esta universidad. Con estas líneas querría recordar, sin olvidar su trayectoria académica, quien fue Guillem Mateu, amigo, padre y esposo.

Guillem Mateu Mateu nació en Caimari, en la primavera de 1930, hijo de Guillem y Catalina, el tercero de ocho hermanos. El ambiente rural de su pueblo, prácticamente el pie de la sierra de Tramuntana, permitió un acercamiento a la naturaleza desde los primeros años de su infancia; acercamiento que se hizo más intenso a partir de los nueve años, cuando ingresó en el Monasterio de Lluc como blauet, i donde se sintió como en casa a lo largo de su vida.

En Lluc realizó los estudios eclesiásticos y adquirió una formación humanística que imprimió en su carácter la capacidad de ver la naturaleza desde una vertiente espiritual, ligando, tal como decía a menudo, la ciencia con la transcendencia. En su adolescencia, en el monasterio, contó con figuras como el padre Bauçà que le inculcaron el amor por la flora, la fauna y los paisajes de la sierra, sentimiento que iba creciendo como consecuencia de las excursiones que formaban parte del programa educativo de los frailes de Lluc. En esta época conoció a dos personas que después serían sus referentes humanos y científicos: Guillem Colom Casasnovas y Ramon Margalef. Margalef cumplía el servicio militar en Mallorca y se hacía acompañar por su amigo Guillem Colom cuando caminando por la sierra de Tramuntana estudiaba la fauna de invertebrados de las fuentes y los torrentes. En algunas de estas salidas se paraban en el monasterio de Lluc, donde mi padre, aun joven, tuvo el primer contacto con estas dos grandes personalidades científicas, determinantes en su futuro.

Una vez acabados los estudios y ordenado sacerdote, partió hacia Barcelona, donde compaginó sus obligaciones religiosas con el estudio de las ciencias naturales, se licenció en la primera promoción de Biología y posteriormente hizo el Doctorado bajo la dirección del profesor Gadea, aunque de facto su maestro y mentor fue Guillem Colom. Eran los años durante los que Margalef daba un fuerte impulso a la Ecología, y por extensión a las ciencias biológicas, y se creó un importante grupo de investigación de donde han salido científicos de gran talla. Estos dos científicos, Margalef y Colom, estaban unidos por una fuerte amistad, que quedó registrada en el intercambio epistolar entre uno y otro, tal como recogió mi padre el año 2009 en el libro Ramon Margalef i Guillem Colom. Diàleg epistolar entre dos savis, mestres i pioners de la ciència. La interacción entre estas dos mentes privilegiadas dio una nueva perspectiva al estudio del registro fósil que habitualmente se había considerado como una colección y descripción de ejemplares, adscritos a un periodo de tiempo concreto. Fruto de la comunicación y el intercambio de datos entre Margalef y Colom, este último fue incorporando los conceptos y conocimientos ecológicos que el primero iba elaborando, hasta hacer una biología del registro fósi, o dicho de otra forma, avanzándose muchos años a lo que hoy en día constituye la Paleoecología. La aplicación de esta nueva forma de pensar quedó reflejada especialmente en el estudio de los foraminíferos, protozoos con cáscara mineral, que hasta entonces habían sido considerados prácticamente de forma exclusiva como indicadores biocronoestratigráficos. Fue bajo el influjo de dicho intercambio de ideas que mi padre llevó a cabo su tesis doctoral «Estudio sistemático y bioecológico de los Foraminíferos vivientes de los litorales de Cataluña y Baleares», pionera en España en la aplicación de los foraminíferos como bioindicadores.

Poco después de acabar la tesis de doctorado, el 1967, Guillem Mateu entró a formar parte del Instituto Español de Oceanografía (IEO), en el centro de las Balears. Allí desarrolló su tarea científica hasta su jubilación, en 1996. Fueron unos años de campañas oceanográficas por todo el mundo, el Mediterráneo, el Cantábrico, el mar del Norte, el Sáhara, Senegal y, ya a punto de jubilarse, la Antártida, donde se crearon vínculos de amistad que han perdurado hasta el final. En el IEO encontró a Pere Balle, sedimentólogo, con quien compartió siempre la cabina y muchas horas de trabajo; asimismo disfrutó de trabajar con otros compañeros, sobretodo geólogos, como Juan Acosta, Víctor Díaz del Río y Jorge Rey.

Unos años después de su incorporación al IEO, Guillem Mateu fue elegido presidente de la Sociedad de Historia Natural de las Illes Balears (SHNB), cargo que ostentó hasta 1981. Esta institución, creada en 1954, en ausencia de un marco académico regular, aglutinó a naturalistas de primer orden como Guillem Colom, Joan Cuerda, Lluís Gasull, y muchos otros. El ambiente que se vivía en el seno de la SHNB, junto con otras instituciones y teniendo en cuenta las circunstancias sociales del momento, que pedían que fuese posible que la gente joven pudiese cursar estudios superiores sin tener que partir, hizo posible el nacimiento de una universidad, primero como delegación de la Universidad Autónoma de Barcelona y algunos años más tarde convertida ya en la Universidad de las Illes Balears

Ya desde los inicios, Guillem Mateu impulsó los estudios de Biología en la oferta académica, siendo su promotor. Los inicios no fueron fáciles a causa del poco personal y la poca duración de muchos de aquellos profesores. Esto dificultaba la estabilidad, a largo plazo, de la licenciatura de Ciencias Biológicas, y fueron necesarias las movilizaciones de los estudiantes (del curso que el llamaba «Pirata») y el esfuerzo de algunos profesores que no miraron ni las horas ni la cantidad de materias que tuvieron que impartir. En reconocimiento a su entusiasmo y esfuerzo, el Departamento de Biología, pocos días antes de su 75º aniversario, en 2006, lo homenajeó, celebrando los treinta años de estudios de Biología en la UIB. Recuerdo particularmente la emoción y alegría que tuvo cuando los compañeros, alumnos y exalumnos y sus buenos amigos Juan Usera y Lluís Pomar se sumaron al homenaje con una exposición fotográfica.

A lo largo de los años setenta, a mediados y final de la década, la vida personal de mi padre cambió intensamente. Se secularizó y se casó con Catalina Maria, y fruto del matrimonio nacimos Guillem (1977) y Catalina (1979). A partir de entonces compaginó su vida académica y profesional con la familia. Fue un esposo bondadoso y un padre muy paciente. Recuerdo que en alguna ocasión quedamos en casa mi hermana y yo, con él, que nos guardaba, y al llegar a casa nuestra madre encontraba un campamento improvisado hecho con mantas y sábanas con las sillas del comedor; o bien una pista para lanzar cochecitos de juguete hecha de desmontar las estanterías de la librería, sin que él se hubiese inmutado ni hubiese perdido el hilo del artículo que estaba leyendo. Otra anécdota que define muy bien su carácter paciente nos traslada a las mañanas, muy pronto, cuando mi hermana y yo nos preparábamos para ir a la escuela. Debíamos tener unos tres y cinco años, respectivamente, y a menudo mamá nos hacía poner la ropa que ella decidía y eso comportaba importantes disgustos por parte de mi hermana si aquello que se tenía que poner no le acababa de satisfacer. Mi padre tenía una fácil solución al problema, le abría el cajón de la ropa y le hacía escoger lo que ella quisiera, y así se acababa el disgusto, y mi hermana iba a clase bien satisfecha.

Me vienen muchas imágenes a la memoria. Recuerdo las visitas que hacía mi padre a Guillem Colom, ya en su casa de la calle Isabel II de Sóller, ya en el chalet del Port de Sóller. Confieso que para mi eran un poco aburridas a mis seis o siete años, oyendo una serie de nombres extraños, de periodos geológicos, de especies de microfósiles, y una palabra, «foraminífero», que a la larga resultaría habitual en nuestro vocabulario, pero que cuando de pequeño la pronunciaba ante otra gente, se volvía, para mi sorpresa, casi una blasfemia para la mayoría de personsa. Aquellas idas a casa de don Guillem se me hacían inacabables, cuando él y mi padre pasaban horas y horas hablando de sus cosas, y yo sentía que el tiempo se había parado. Afortunadamente doña Catalina, esposa de don Guillem, me acompañaba a jugar con un perro grande que tenían, y la espera se hacía más entretenida.

Mi padre era una persona tremendamente activa, hizo de su trabajo una pasión, si desfallecer ni un instante, del primer al último día. Trabajó en el Instituto Español de Oceanografía hasta que en 1996 se jubiló, a los sesenta y cinco años, a pesar de que seguía visitando el Centro de Balears hasta prácticamente el final de su vida. Durante muchos años compaginó el trabajo del IEO con la docencia en la UIB. No obstante, desde su jubilación y hasta los setenta y cinco años, fue profesor emérito en la propia universidad. Una vez cumplida la edad límite, siguió haciendo el mismo trabajo con la misma intensidad de siempre y se embarcó en su proyecto final, que lo mantuvo ocupado hasta el final de su vida. Estos últimos años, con la colaboración de amigos como Juan Usera, Alejandro Cearreta, Carmen Alberola y Eustoquio Molina, ha rendido homenaje a Guillem Colom Casasnovas, la persona que más admiró, como maestro y amigo, y con quien compartió la curomlla de los foraminíferos. Durante horas y más horas han revisado los materiales y documentos depositados en el Museu Balear de Ciències Naturals y al fin se ha dado a conocer la figura de Colom en la dimensión que le corresponde como pionero en el campo de la micropaleontologia y como persona de gran humanidad. La obra consta de tres volúmenes, que recogen una revisión sistemática de todas las especies nuevas que describió, teniendo en cuenta el contexto científico del momento y su relación con los micropaleontólogos y especialistas más insignes de la época. La Fortuna ha querido que mi padre haya podido ver culminado este proyecto, a pesar de que la enfermedad no ha permitido que haya podido ver la presentación del último volumen.

Se podría decir que mi padre ha gozado de una vida llena de satisfacciones, tanto en lo que respecta a su vida profesional como en el aspecto personal. Muchas instituciones han reconocido su trayectoria profesional a lo largo de su vida; así, fue miembro de la Reial Acadèmia de Medicina i Cirurgia de Palma, la Reial Acadèmia de Ciències i Arts de Barcelona, Socio de Honor del Museu Balear de Ciències Naturals, Siurell de Plata, premio Ramon Llull del Govern de les Illes Balears, etc. Por otra parte, ha visto como la escuela micropaleontológica iniciada por Colom, de la que había tomado el relieve, aseguraba su continuidad gracias a la influencia decisiva de su amigo Felicià Fuster, quien siendo presidente del Consejo Social de la UIB consiguió la financiación de la Fundación ENDESA para la creación de la Cátedra Guillem Colom Casasnovas.

Pero tal vez la mayor alegría que haya podido tener ha sido conocer a su nieta Aina, con quien ha compartido su último año de vida. Ha podido ver como a lo largo de este tiempo Aina ha ido creciendo y ha hecho los primeros pasos. Han compartido muchos ratos de complicidad entre el abuelo y la nieta que nos han dejado imágenes que harán que pueda recordarlo, y a nosotros nos dibujan una sonrisa en los labios que nos ayuda a hacer más ligero el peso de la añoranza.

Querría acabar estas líneas mostrando el agradecimiento de toda la familia a las personas e instituciones que nos han mostrado su apoyo, haciéndonos llegar su pésame más sincero. Hemos recibido muchísimas muestras de afecto, en persona, por escrito o mediante la publicación de esquelas y blocs en la red. En especial queremos dar las gracias a sus compañeros y amigos del Instituto Español de Oceanografía, tanto del Centre Oceanogràfic de les Balears, como de los centros de Madrid, Málaga, A Coruña, etc. Igualmente queremos hacer público nuestro agradecimiento a la Universidad de las Illes Balears, concretamente al equipo rectoral y a sus compañeros de los departamentos de Biología y Ciencias de la Tierra. Asimismo damos las gracias a la Societat d'Història Natural de les Illes Balears y a la Associació Museu Balear de Ciències Naturals.

Requiescat in pace

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Fecha de publicación: 04/05/2015