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El cambio climático pone en alerta la viticultura mediterránea

Un estudio del grupo de Meteorología de la Universidad de las Illes Balears señala que los cultivos de viña al sur de Europa y el Mediterráneo se verán gravemente afectados las próximas décadas por la carencia de agua y el aumento de la temperatura 

La producción de vino es una de las actividades agrícolas más importantes de la Europa meridional, incluida el área mediterránea, pero esto podría variar sustancialmente como consecuencia del cambio climático, si no se empiezan a aplicar medidas que mitiguen su impacto, según un estudio hecho por investigadores del grupo de investigación en Meteorología de la Universidad de las Illes Balears.

El estudio, que se ha publicado recientemente en la revista científica Regional Environmental Change, concluye que el incremento de la temperatura y la disminución de las precipitaciones en la Europa meridional y al área mediterránea podrían modificar negativamente las próximas décadas las condiciones que ahora favorecen el crecimiento de la viña. Así, el impacto del cambio climático podría condicionar la viabilidad de la viticultura tal como la conocemos en las regiones vitivinícolas europeas, entre las cuales se incluyen la península Ibérica y las islas Baleares.

Los investigadores de la UIB han evaluado el impacto que el cambio climático podría tener sobre varias variables y índices bioclimáticos de interés para el cultivo de la viña y la industria vinícola. El trabajo se ha hecho a partir de la comparación entre los datos reales del periodo 1981-2005 y las proyecciones climáticas para el periodo 2021-2100 en un escenario de ausencia de políticas de mitigación de la emisión de gases de efecto invernadero.

Incremento de la temperatura

Centrándose de manera específica en el periodo 2046-2070, el estudio prevé un incremento generalizado de la temperatura máxima estival a mediados de siglo XXI, especialmente a la región de la Europa meridional y mediterránea (entre 2,7 y 4,3 grados respecto del periodo 1981-2005). Esto hará que en muchas zonas productoras de Francia, España, Italia y Portugal, la temperatura acabe siendo superior a la óptima para el cultivo de la viña (25 grados). Además, durante la época de crecimiento de la viña (de abril a octubre) se logrará los niveles más elevados de crecimiento de las temperaturas en la Grecia meridional (+3 grados), el área central de España (+3,6 grados) y en los países del Oriente Medio (+4,2 grados).

El estudio también prevé que el aumento de la temperatura comportará una nueva clasificación de las regiones europeos según el índice de Winkler, que mide la acumulación de calor y permite clasificar cada región en una escala del 1 al 5 de acuerdo con la idoneidad para cultivar viña y la calidad del vino que se podría producir. Del mismo modo, también se prevén cambios importantes en la clasificación de las variedades potenciales de uva para cada región, de acuerdo con el índice de Huglin.

El incremento general proyectado para las temperaturas máximas afectará negativamente el ciclo de crecimiento de las viñas europeas, especialmente en verano, que es cuando se acontece el desarrollo del fruto. A modo de ejemplo, en la región de la Europa meridional y mediterránea, los cultivos estarán expuestos durante periodos más largos a temperaturas que excederán el umbral de maduración correcto. En consecuencia, la calidad de la uva empeorará, tendrá menos aromas y perderá de pigmento. También se espera que mengüe la producción en estas regiones a consecuencia de las condiciones severas de estrés térmico.

Un ejemplo son las regiones central y nororiental de la península Ibérica, donde variedades como el tempranillo y la garnacha estarán expuestas a condiciones térmicas durante el periodo de crecimiento que excederán las óptimas (17,5 y 18 grados, respectivamente). En cambio, otras regiones europeas que actualmente tienen temperaturas más frías durante la época de crecimiento (como por ejemplo Alemania, el norte de Francia o la república Checa) lograrán las condiciones térmicas óptimas para el crecimiento de estas variedades a mediados de siglo XXI.

Descenso de precipitaciones

En cuanto a la precipitación, los investigadores prevén que la media anual disminuya de manera significativa al sur de Europa y en el Mediterráneo (-24 por ciento), mientras que se incrementaría en el centro y al norte de Europa (más de un 4 por ciento). Las viñas mediterráneas toleran ciertos niveles de sequía gracias a los sistemas arraigados profundos. Sin embargo, una disminución sustancial de la precipitación durante la temporada de maduración puede causar una reducción importante de la disponibilidad de agua durante los periodos de crecimiento y maduración. Los investigadores apuntan que, para las regiones vinícolas actuales de España, Portugal y del sur de Italia, la importante disminución de las precipitaciones a la primavera (-40%) sería un factor limitador del crecimiento de las viñas.

Las necesidades de agua de la viña también se podrían incrementar a consecuencia de más evapotranspiración. De hecho, los investigadores esperan que se incremente a todo Europa (330-410 mm), lo cual afectaría principalmente al norte de España, Portugal y norte de Italia.

En el caso del balance hídrico, el estudio prevé que se reduzca al sur, pero que, en cambio, aumente en el centro y al norte del continente europeo. Por un lado, el aumento combinado de la evapotranspiración y la disminución de la precipitación anual implicaría reducciones significativas en la cosecha (-300 mm) en España, Portugal, al sur de Italia, a la costa de los Balcanes y al sur de Francia. En cambio, al norte de Europa, el incremento de la precipitación paliará los efectos de las pérdidas causadas por la evapotranspiración, lo cual dará lugar a un balance hídrico todavía más positivo en esta área del continente.

Cambios en las zonas productoras

Por todo ello, los autores del estudio apuntan que, si no se implantan medidas efectivas para reducir las causas del cambio climático, la idoneidad de determinadas regiones para la viticultura se vería afectada a causa de estos cambios en la temperatura y la disponibilidad de agua. Así, regiones de reconocido prestigio como La Rioja, en España, o el Piamonte, en Italia, tendrán condiciones menos favorables para una producción elevada, y la calidad del vino también menguaría. En cambio, estos cambios en el clima crearían nuevas áreas favorables al cultivo de viña en algunos países de la Europa central, como por ejemplo Alemania, Bélgica, Polonia o el sur de Inglaterra.

En este contexto, se hará necesario que los viticultores de las regiones afectadas por estos impactos del cambio climático introduzcan estrategias y prácticas de gestión de los cultivos nuevas para mantener los niveles de calidad y cantidad de la producción actuales. Los investigadores señalan también algunas de las prácticas vitícolas que probablemente veremos los próximos años: el enrejado/podado, las redes de sombreado, los cambios en el tipo de suelo, la modificación genética, la selección de lugares (vertientes norte/sur) y la mitigación del estrés hídrico mediante el riego de cultivos, y un uso eficiente del agua son algunos de los factores que podrían permitir una mejor adaptación a los impactos derivados del cambio climático.

Referencia bibliográfica

M. F. Cardell, A. Amengual i R. Romero. «Future effects of climate change on the suitability of wine grape production across Europe», Regional Environmental Change (2019). https://doi.org/10.1007/s10113-019-01502-x 

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Fecha de publicación: 04/07/2019