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Martín Luis Aleñar Feliu: Antiguo alumno de la Facultad de Derecho de la UIB

- ¿Qué recuerdas de tus años universitarios en la Facultad de Derecho de Palma? 
Cuando empecé recuerdo las tertulias por los pasillos de la facultad hablando de la situación política, de las noticias que día a día llegaban. Era el primer año de la democracia y se acercaban las primeras elecciones, los “corrillos” en el Bar de la facultad eran muy interesantes. Había mucha inquietud por todo. También recuerdo largos ratos en la biblioteca de la Facultad de Sa Riera, y muchas horas de estudio nocturno con unos compañeros, en un despacho, cerca del Bar Bosch, donde íbamos a tomar una leche merengada antes de cerrar por la noche, y seguir con nuestro estudio nocturno.

- ¿Qué profesor fue el que más te marcó o influenció?; ¿Por qué?
Fueron muchos los profesores que me influenciaron. Antonio Monserrat, Román Piña, Miguel Masot, Juan Vidal, Carlos Gutierrez, Isabel Tapia, y muchos otros, pero sobre todo recuerdo las clases que impartía Andres Ferret, eran especialmente atractivas, todo un espectáculo, te transmitía su pasión por todo aquello que explicaba.

- ¿Alguna anécdota o situación de esos años de carrera que sea imborrable/recuerdes especialmente? 
Una tarde de febrero del año 1981 me encontraba preparando un trabajo sobre la Constitución Española, había que entregarlo al día siguiente. En aquel momento me llamaron por teléfono y me preguntaron si estaba oyendo la radio. Unos militares habían asaltado el Congreso. Pensé que quizá ese trabajo ya no era tan urgente. Por suerte tuve que entregarlo, aunque nos dieron unos días más de plazo. 

También recuerdo con especial cariño la “Comisión de Apuntes” que organizamos con unos compañeros. Dedicábamos noches enteras a pasar apuntes, con una vieja máquina de escribir, que siempre se atascaba, escribiendo en un cliché que con mucho cuidado había que poner sobre la entintada máquina de ciclostil y después estar horas “dándole” a la manivela, para luego organizar folios y grapar temas. Los apuntes debían estar listos con tiempo suficiente para que los compañeros pudieran preparar los exámenes.

- De esa Facultad de antaño, ¿qué era lo que más te gustaba y qué hubieras cambiado?
Eran los primeros años de la facultad, los profesores, en su gran mayoría, eran abogados, notarios, registradores, poco a poco se fueron incorporando profesores universitarios y catedráticos. Me gustaba la aplicación práctica que esos profesionales nos transmitían con sus enseñanzas.

Quizá se añoraba algo más de ambiente universitario. Si no recuerdo mal, además de la de derecho tan solo estaba la facultad de filosofía, cada uno en una punta de Palma. Se echaba en falta ese ambiente universitario, aunque éramos como una gran familia. Eso también era agradable.

Visto desde la actualidad hubiese cambiado muchas cosas, pero eran otros tiempos, no había los medios que hay ahora, ni se planificaba la enseñanza universitaria con los objetivos actuales.

- ¿Cómo te imaginas la Facultad de ahora?
Las nuevas tecnologías han supuesto un cambio radical.

Ahora se tiene acceso inmediato a la información, ya no se trata de cómo encontrar esa información, sino de saber elegirla, saber procesarla, y conocer su aplicación práctica. 

Me imagino que hoy se presta más atención a enseñar cómo argumentar. Exponer correctamente es esencial.

- ¿Qué consejos darías a nuestros estudiantes, sobre todo de cara a su inserción en el mundo laboral?
Los consejos que puedo dar supongo que son los mismos que ya se dan en la universidad: La formación específica nunca estorba, cursos, masters, jornadas, conferencias, siempre se obtiene algo positivo. Además, es fundamental dominar perfectamente un idioma. 
Por lo demás, quien se decida por el ejercicio de la abogacía tiene que ser consciente que es un trabajo puramente vocacional, en el que muchas veces no hay horarios, y que exige una gran dedicación.

- ¿Qué ha cambiado notablemente en el ejercicio de la abogacía durante la última década?
Hemos pasado del abogado de “cabecera” al abogado especialista y de los despachos familiares o unipersonales a los despachos multidisciplinares con varios abogados especialistas asociados.

Hoy es impensable un bufete unipersonal y generalista, que lleve todo tipo de asuntos. Cada día más se va imponiendo la especialización.

En la práctica judicial, estamos ante el expediente electrónico y la eliminación del papel. Eso supondrá una nueva forma de ejercer.

- ¿Qué retos tiene pendientes el Colegio?
El principal reto del Colegio siempre ha sido conseguir que el colegiado participe en la vida colegial y que aproveche el máximo de los servicios que el Colegio le ofrece. 

Hay muchas cosas por hacer y por mejorar, pero creo que vamos consiguiendo que el Colegio ofrezca una intensa actividad formativa y cultural.

- ¿Nos cuentas una anécdota, personal o no, que justifique la grandeza de esta profesión? 

En los Actos de Jura de nuevos abogados siempre les digo que la mayor satisfacción de esta profesión es ver que se ha hecho justicia y ser protagonista de ello. Sin duda, una de las grandezas de nuestro trabajo es contribuir a que se haga justicia. 

Fecha del evento: 14/03/2016

Fecha de publicación: 15/03/2016