«Los genes aportan información real, sin dejar lugar a interpretaciones»

Cori Ramon

Cori Ramon posa, inquieta, ante la pintura de un cuadro de su hijo que preside el despacho en el edificio Guillem Colom Casasnovas. Es de Reus y estudió Biología en la UAB. Vino a trabajar a la UIB hace más de treinta años, a impartir clases en Biología, y coincidió con un primer intento de crear una Facultad de Medicina. Y quedó. Después de tantos años de investigación en genética, no reniega de la condición humana. Dice que cree en ella. Y dice, también, que la cultura científica debería tener mucho más espacio en la vida cuotidiana. Su lección inaugural lo reivindica. Y de todo ello hablamos un rato con la catedrática Cori Ramon. 

«Los genes nos permiten releer la historia». Es el título de la lección que leyó en la UIB, en el acto de inauguración del nuevo curso académico. ¿Nos puede hacer un resumen?

Estamos acostumbrados a la historia explicada por los historiadores, que la conocen desde los papeles y documentos encontrados. Y esto tiene una limitación: solo se explica la historia desde que hay documentos escritos, y como solo escribía el sector dominante de la sociedad, entonces la historia que no explican es coja. En cambio, los genes se transmiten de padres a hijos en todas las especies. A lo largo del tiempo se producen cambios y mutaciones a las que se pueden poner fecha. Si seguimos la pista de los genes, podemos releer la historia. Tal vez no hay documentación de determinados hechos históricos, pero a través de los genes podemos saber algunas cosas más.

Entonces, en la lección inaugural para explicar el pasado remoto puse el ejemplo de las sargantanes, que son los únicos vertebrados que son autóctonos de nuestras islas, que no los ha introducido el hombre, como lo es también el ferreret. Hace alrededor de 5 o 6 millones de años que están en las Illes. Si vemos qué islas comparten los mismos genes en las diferentes poblaciones de las sargantanes, sabremos parte de la historia geológica de las illes Balears y cuándo estuvieron pegadas a la Península, la conexión entre islas e islotes... Hacemos árboles y los datamos de y de manera aproximada lo correlacionamos con bajadas y subidas del nivel del mar. Así vemos cuándo y cómo pudieron pasar las sargantanes de una isla a la otra.

También hago referencia a hechos más próximos, como el origen del hombre. Toda la vida hemos hablado de fósiles, y la genética ha demostrado que todos los humanos tienen un origen único, africano y muy reciente, de 100.000 años. Nosotros provenimos de la última salida de África. Los fósiles de Atapuerca, por ejemplo, son muy valiosos, pero no son de linaje humano, son primos, de una rama paralela. Y ahora que ya se puede sacar DNA d fósil, se han buscado determinadas mutaciones del DNA. Y, a modo de curiosidad, en los trabajos que hemos hecho con los neandertales, se ha encontrado que, según el DNA de algunos de los huesos de estos neandertales, eran pelirrojos, tenían el gen de los pelirrojos. Así, la imagen de nuestros antepasados y de los neandertales como individuos negros y peludos ha cambiado completamente. La imagen ahora es más bien de hombres de piel clara, con pecas y pelirrojos..., muy diferente a la imagen que nos imaginábamos. Hemos releído la historia y a través de los genes hemos podido saber con más exactitud cómo era el aspecto de nuestros antepasados.

Más recientemente, hemos participado en un estudio de toda Europa, dirigido por los ingleses, sobre las expansiones griega y fenicia. Nosotros hemos estudiado la parte de las illes Balears. De los griegos sabemos mucho, porque dejaron documentos escritos, y la filosofía se ha basado en los griegos. De los fenicios no sabemos nada. Pues resulta que en nuestros genes hay más componente fenicio que griego. Es otra historia. No dejaron la cultura escrita, pero nuestros genes dicen que también somos hijos de los fenicios, y en un tanto por ciento más importante. Se calcula que entre un 6 y un 7 por ciento de nuestros genes tienen procedencia fenicia, de media.

Por otra parte, en la península Ibérica también hemos participado en un estudio donde se ve cuál es el componente musulmán y el judío. El judío es mucho más elevado que el musulmán, incluso en lugares donde los musulmanes restaron mucho tiempo, como en Andalucía.

Y esto era un poco lo que reflejaba mi lección. Que, además de la historia, hay otro prisma para ver los hechos históricos, y es a través de los genes.

Y, además, los genes no mienten; en cambio, la historia documental siempre está sometida a interpretaciones...

Por supuesto, y los documentos pueden haberse modificado, o escrito desde diferentes puntos de vista y, además, una parte de la historia no la explica nadie, que es la parte de la población más humil, que no sabía escribir. En cambio, los genes no mienten y nos explican realmente quién estuvo en contacto con quien.

Vuestra lección acabó proponiendo a los presentes que pensasen en los genes y la genética como parte de nuestra cultura. ¿Por qué?

Supongo que no todos los científicos somos buenos comunicadores y solo nos tienen en cuenta cuando explicamos la genética que tiene que ver con la salud de las personas o cuando se trata de explicar algo muy espectacular. ¡Y la ciencia ha permitido cambiar muchas cosas! Pero la cultura sigue siendo la música, la literatura, el teatro, el cine, el arte..., pero la ciencia aún no se considera cultura. Todo el mundo sabe quién fue Beethoven, pero nadie sabe quién era Crick. ¡Y Crick descubrió la doble hélice! Ya no digo que sea necesario entrar en detalles, pero sí conocer conceptos muy esenciales y básicos de la ciencia.

A la gente no le da vergüenza decir que no sabe nada de ciencia. La gente cree que si no sabe ciencia no es inculta. ¡No nos preocupa como sociedad! Creo que también daría pie a una actitud más positiva hacia la ciencia el hecho que en las escuelas, en lugar de explicar tantas y tantas cosas, se explicasen menos, pero más a fondo, y que todo el mundo las entendiera. Lo que sabrían lo sabrían bien. Y esto produciría una actitud mucho más positiva hacia la ciencia, y no se sabría mucho de ella, pero eso lo tendrían claro. Porque, si pones torcidas las primeras piedras, aquello crecerá siempre torcido.

Por ejemplo, en el colegio nos explican los transgénicos, pero un niño de ocho años no tiene por qué saber qué es un transgénico. ¡Si no sabe qué es un gen, no entenderá qué es un transgénico! Primero tenemos que conocer las plantas, sus partes, la reproducción..., conceptos como estos. Y si está mal entendido, solo conseguiremos que la gente tenga miedo de los transgénicos. Por ejemplo, la hormona del crecimiento se fabrica con procesos transgénicos, o la insulina... ¡Antes los diabéticos tomaban insulina de cerdo, y ahora la insulina se hace por ingeniería genética, y es un transgénico! Y tantas otras cosas que hemos resuelto gracias a los transgénicos. Otra cuestión es la mala utilización que se pueda hacer de los transgénicos por intereses económicos. ¡Evidentemente no estoy de acuerdo con ellas! ¡Pero es de ignorante estar en contra de los transgénicos! Lo que es bueno se debe reconocer.

¿A usted, que es genetista, qué le ha aportado todo este conocimiento? ¿Qué descubrimiento al nivel más humano destacaría de todo este trabajo?

Siempre he sido positiva con la condición humana. Creo que la mayoría de la gente que yo me he ido encontrando en la vida es buena. Creo en los humanos y en las relaciones entre la gente. Tuve un profesor que decía que un científico joven investiga; a partir de los sesenta, creo recordar, divulga; y a partir de los setenta, el científico se dedica a la historia de la ciencia.

¿No hay tiempo para todo?

Si investigas, lo das todo. No tienes tiempo para hacer otras cosas.

No hay espacio para la divulgación... 

Y mira que ahora hay herramientas muy interesantes que realmente llegan a la gente. Audiovisuales fantásticos y grandes creadores que pueden hacer muchas cosas, producciones muy interesantes. Creo que divulga más un libro como Un mundo feliz que el hecho de ir a las escuelas a explicar qué hacemos en los laboratorios. Se trata de hacerlo bien y seriamente. Introducir la ciencia en los medios de comunicación, pero a un nivel potente. Por ejemplo, que los Oscar dedicasen un premio a cine científico, o que hubiese un festival de cine científico que tuviera categoría...; eso haría que la gente se interesase por ella y aprendiese cosas. Porque la ciencia no tiene por qué ser aburrida. Después, cuando entras en ella, es más duro, pero al adquirir conocimientos más básicos te lo puedes pasar realmente bien.

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Fecha del evento: 26/10/2015

Fecha de publicación: Fri Oct 23 12:17:00 CEST 2015